Friday, December 01, 2017
¿Qué mismo es el triunfo?

Tampoco
voy a exponer un resumen minucioso, tan solo lo más relevante: un vendedor de
batidoras descubre el restaurante de los hermanos Mc Donald, quienes diseñaron
un sistema óptimo de servicio al cliente. Mientras otros restaurantes de comida
rápida se demoraban minutos en preparar una orden, hasta el extremo de entregar
al cliente el pedido equivocado, el restaurante de los hermanos Mc Donald lo
hacía en un tiempo muy rápido y con una atención eficiente. El vendedor de
batidoras, maravillado por esa innovación, convence a los hermanos Mc Donald de
formar una sociedad y fundar una franquicia. En poco tiempo, tras varias
fuertes discusiones, aquel vendedor de batidoras tomó para sí el negocio de
aquellos hermanos, el nombre de la marca y el diseño del restaurante (los
famosos arcos amarillos) de un modo para nada ético, hasta llegar al punto de
ganar los derechos de la marca y condenar a los hermanos Mc Donald a la pobreza
y al olvido.
Muchos
hemos oído las gloriosas, por así decirlo, historias de emprendimiento, de
gente que de la nada convirtió una iniciativa en un rotundo éxito, pero, ¿Hasta
dónde son ciertas y hasta dónde son dignas de ser admiradas?
El
caso Mc Donald es uno de los tantos que conserva la historia. Muy pocos saben
que Alexander Graham Bell nunca creó el teléfono, sino que robó el invento de
un ingenuo bienintencionado, logrando patentar la creación antes que sea tarde.
Edison robó algunos diseños de Tesla. Walt Disney nunca creó al ratón Mickey, sino
que lo compró a un dibujante para convertirlo en baluarte de su imperio sin
contar que era un explotador y machista. Bob Kane nunca creó a Batman, fue otro
dibujante, Bill Finger, quien lo perfeccionó hasta convertirlo en un referente
de DC comics apropiándose injustamente (y por mucho tiempo) de los derechos
sobre el personaje. Lo mismo de Stan Lee, que si bien es autor de unos pocos
héroes, logró adueñarse de todos los personajes de Marvel sin un justo
reconocimiento de sus colaboradores. El mismo George Lucas tiene para hablar.
El conocido episodio IV no sería lo que es porque su esposa de ese entonces
(Marcia Lucas) fue la encargada de la edición, ya que el primer metraje fue un
entero desastre, pero que luego del éxito, nunca fue reconocida como tal. Bill
Gates, creador de Microsoft, Mark Zuckerberg creador de Facebook, Julian Asange
fundador de Wikileaks también tienen también sus respetivos lados oscuros.
Hasta existen casos más frívolos como el de Vince Mc Mahon, dueño de la WWE,
cuyos colaboradores cercanos aseguran que Vince brinda un trato muy duro a sus
luchadores, al punto de no contar con un seguro médico que los proteja de
lesiones.
El
punto es: ¿Hasta dónde las historias y discursos de emprendimiento son
aplicables? ¿Cuántos traseros hay que patear para conseguir el tan ansiado
éxito? ¿A cuántas personas se deben traicionar para triunfar?
No
tengo nada en contra con los ejemplos y anécdotas de emprendimiento, pero tal
parece que la traición, el hacer zancadilla y boicotear al otro es un común
denominador para tener éxito en todos los aspectos de la vida, y a las pruebas
que tiene la historia, el otro lado de la historia, me remito.
Yo
mismo he sido testigo de ese tipo eventos desagradables, de gente inescrupulosa
y prepotente que llegó a tener puestos que no merecen, solo por tener más
influencia que por méritos, mientras que gente responsable, eficiente, pero por
sobretodo íntegra no es reconocida, al grado de ser apartada peor que paria.
Insisto,
no tengo nada nada en contra con los ejemplos y anécdotas de emprendimiento.
Existen historias en verdad inspiradoras que invitan a la motivación, pocas que
en verdad son dignas de imitar, entre este sendero de impredecibles situaciones
llamado vida.
Creo
que esta película, al menos a mí me dejó un claro mensaje: Si tienes una idea,
JAMÁS la compartas, hazla crecer por ti mismo y desconfía de todo.
Si
alguien tiene respuestas a mis preguntas antes citadas, espero saberlas. Sin
más que añadir, El Fundador es una esas películas que te da mucho para pensar.
Se los recomiendo. No solo de DC y Marvel vive el cinéfilo J